domingo, 31 de octubre de 2010

Diálogo.














-Yo escribo para vivir –dijo el profesional.
-Yo vivo para escribir –replicó el aficionado.
-Yo no escribo, pero vivo –comentó alguien que pasaba.

Uno que miraba no dijo nada… pero pensó.

sábado, 30 de octubre de 2010

Ilusiones.











Por fin llegaron a un acuerdo:

-Aquello de allí es la Luna.

Y, satisfechos, regresaron a sus casas.


Inspirado en el cuadro "Misterios del horizonte"
de René Magritte.    

domingo, 24 de octubre de 2010

Viceversa.













     En el instante en que nació recordaba perfectamente cómo y cuándo iba a morir. De todo lo que habría de acontecerle, de todo lo que durante su larga vida iba a ir aprendiendo, tenía ya nítida memoria.

     A las pocas semanas de edad, cuando pudo por fin articular palabras, se arrancó satisfecho el chupete y ante el asombro de sus progenitores, intentó explicarles la situación.
 
-No, no es que vea el futuro. Simplemente lo recuerdo.

     Y tal y como recordaba que iba a ocurrirle, pronto constató que todo lo que acontecía lo olvidaba irremediablemente al instante, viviendo así una vida viceversa, con el futuro en la memoria y el pasado en la conjetura.

     Con los años fue cumpliendo al pie de la letra el guión marcado por sus recuerdos, evitando los problemas que recordaba que evitaría en su futuro y cometiendo los mismos errores de los que tenía memoria.

     Nunca consiguió salirse de aquel rumbo. Cada vez que intentaba cambiar algo, recordaba súbitamente que ya lo había intentado cambiar en su futuro, terminaba haciendo, sin querer, exactamente lo que su memoria futura le indicaba y entraba en círculos viciosos de paradojas temporales que lo dejaban exhausto. Resultaba inútil intentar evitar lo inevitable. Fuera lo que fuera lo que iba a suceder, en realidad ya había ocurrido más adelante. Lo recordaba muy bien.

-Mi memoria es una aguafiestas –solía decir –nada me sorprende y todo se borra al instante.

     El día en que murió, sus recuerdos alcanzaban apenas un puñadito de horas, el tiempo que le quedaba por vivir. Mientras, el abismo de su pasado se le presentaba como una equívoca laguna de noventa y siete años. Tampoco al final hubo sorpresas. Tal como recordó toda su vida, sus últimas palabras fueron:

-Por fin un poco de misterio…

     Un instante después las había olvidado. Estaba muerto.

martes, 19 de octubre de 2010

Espejos.




















     La suya era una soledad de vecindario. Una soledad sólo concurrida por la modesta multitud de desconocidos con los que compartía las burocracias de una vida sin anhelos.

     Con nadie intercambió nunca nada más allá de un buenos días, algún buenas noches o aquel socorrido cómo está usted, que no requería respuesta.

     Tampoco a nadie contó nunca su problema con los espejos… y exhausto, confuso, a veces se preguntaba:

-¿Seré una suerte de vampiro? ¿Quizás un fantasma desmemoriado?

     Hasta que un día, de pura casualidad, se le desveló el misterio.

     No era, por supuesto, ningún vampiro. Ni siquiera algún tipo de monstruosidad. Simplemente… no existía.

sábado, 16 de octubre de 2010

Haikum III.

jueves, 7 de octubre de 2010

El lector.














     Entró en la sala dispuesto a dar el último masaje de la jornada. Como siempre, el incienso, las velas, la luz tenue y la música, incitaban a la calma, al sosiego y la interiorización.

     La mujer le esperaba ya tendida en la camilla, cubierta con una toalla. La observó un instante, recordando: Sara, masaje relajante. Se aproximó despacio y, suavemente, posó las manos sobre su espalda. Sintió cómo ella se removía perezosamente, sólo un poco, acomodándose, y cómo suspiraba profundo, aflojando el cuerpo. Cerró los ojos y esperó a que las respiraciones de ambos se acompasaran.

     Al retirar la toalla algo llamó su atención. La piel de la mujer aparecía surcada de finas líneas, en todas direcciones, a lo largo de la espalda, las piernas… de todo el cuerpo. Se acercó un poco más, con precaución, para dilucidar la naturaleza de aquellas filigranas. Eran letras, frases… que iban formando un texto, una suerte de relato. Sin interrumpir el contacto de sus manos con la piel, buscó curioso el comienzo de la historia. A la altura de los omóplatos halló el título:

“Mi vida y otros secretos”.

     Sus ojos y sus manos se hicieron entonces prójimos. Mientras unos leían devorando el texto, las otras amasaban, suave pero firmemente, aquella piel hecha para ser tocada. Se dejó atrapar por un relato que avanzaba hacia la adolescencia apuntando ya algo difuso,… un misterio, algo inefable, a la vez que sus manos bajaban hacia las caderas.

     En las nalgas, un paréntesis. Un párrafo indescifrable que hizo el suspense más intenso y el contacto más profundo.

     A lo largo de las piernas, de arriba abajo y viceversa, sinuosamente, la historia dibujaba una madurez prematura, llena de sucesos, fracasos y éxitos, una vida aventurera, valiente y plena, que giraba siempre en torno a una maldición sin desvelar.

     En los talones encontró un salto de página… hasta el cuello, y allí, en la nuca, una nota del autor:

“Por favor, sigue leyendo”.

     Con el aliento en vilo y la voz en un susurro invitó a la mujer a darse la vuelta.

     Al verle la cara sintió un sobresalto. Aquel rostro desconocido le resultaba dolorosamente familiar. Podía reconocer en él a todas las mujeres a las que había amado. De alguna manera estaban ahí, no como un parecido leve sino como una aparición. Los ojos de ella estaban abiertos, inmóviles, fijos en las sombras del techo. Ansioso por seguir leyendo, inquieto, los tapó suavemente con un pañuelo de seda. Sus miradas se encontraron… sólo un instante pleno de confidencias, de complicidades.

     Retomó el relato en los empeines y, de nuevo, subiendo y bajando por las piernas se sumergió en él dejándose llevar por aquella crónica tan ajena como irremediablemente prójima. Sintió espuma en los huesos y la necesidad visceral de desvelar el misterio.

     En las plantas de los pies se deleitó con el tacto, con el intercambio de historias y sensaciones nítidas, calientes. En los dedos, una llamada en forma de asterisco le condujo hasta las clavículas.

     Allí la historia se precipitaba hacia el final haciendo la tensión insoportable mientras sus manos subían y bajaban por los senos. Comenzaron a formarse en su mente imágenes de sucesos que no había vivido, recuerdos de lugares que nunca conoció y cuando se aproximaba a la espiral que las líneas formaban en torno al ombligo, sintió vértigo, miedos forasteros que nunca antes había enfrentado.

     En el vientre, a punto de desvelarse por fin el misterio,… una advertencia:

“Aquel que conoce mi secreto no puede seguir viviendo”.

     Inmóvil, contuvo el aliento sintiendo un latir en sus sienes. Ella separó súbitamente los labios y exhaló despacio emitiendo un tenue suspiro.

Dudó aún un instante… sólo un instante eterno.

Nunca, nadie, volvió a saber de él.

sábado, 2 de octubre de 2010

Herencia.


-Papá, ¿cuándo legalizaron la esclavitud?
-Ah, no sé... yo estaba viendo el fútbol.

martes, 28 de septiembre de 2010

Rutinas...













     Temprano en la mañana despierta con el estruendo de los enanos cantando alborotados camino de la mina.

     Ya desvelado, aunque somnoliento, dedica la siguiente hora a buscar sus zapatillas, sus gafas, su reloj… y el resto de bártulos y enseres que durante toda la noche los duendes, divertidos y traviesos, han escondido o cambiado de sitio. No le hace falta verlos,… sabe que a esas horas aún le observan. Puede sentirlo.

     Después recorre las habitaciones dando palmas y espantando a voces a los espíritus que rondan susurrando en los rincones.

-Este runrún de fantasmas no me deja oír mis pensamientos….

     Más tarde, blandiendo su bastón, sale a ahuyentar a la bola de unicornios que cada mañana acuden con las primeras luces y devoran sus flores, desbaratan el huerto y le cagotean todo el jardín.

-Malditos asnos con pincho, vayan ya a joder a otro sitio, cabrones! –les grita huraño.

     Luego prepara el desayuno mientras, a manotazos, dispersa la nube de hadas que revolotean golosas sobre las tostadas y, ya más tranquilo, sale a disfrutar del café caliente y de su primer cigarro, siempre bien protegido bajo el techado del porche. Sabe por experiencia que no es seguro andar al descubierto cuando un pegaso vuela sobre tu cabeza.

     Es en esos momentos de relativa calma cuando, resignado, maldice aquella tarde remota en que tras ver pasar el cometa pidió un deseo:

-Que la magia sea en mi vida. Cada día… siempre.

jueves, 23 de septiembre de 2010

Causa, efecto...




Hastiada de tanta injusticia, la criatura mató a su creador.
Dios, por fin… se liberó del hombre.

martes, 14 de septiembre de 2010

Ceguera.










     Tenían una misión. Salieron en busca de la verdad.

- Llegaremos tan lejos como sea menester. No volveremos si no es con una respuesta –fueron sus palabras al partir.

     Las estaciones se sucedían lentas en el bosque. En la aldea ya nadie esperaba. 




     Regresaron por fin cuando su recuerdo había adquirido la textura de los mitos, consumidos, harapientos y huraños, con un estruendo de hecatombe, discutiendo ferozmente entre ellos.

-¿Qué es ese escándalo? –preguntó el hombre más anciano de la aldea, ya casi ciego.

- Los buscadores, abuelo. Han vuelto… pero fracasaron. No se ponen de acuerdo. Encontraron tantas verdades como hombres formaban el grupo. Todas diferentes.

-¡Insensatos! –Respondió cabeceando el viejo –su fracaso es el único de los éxitos posibles. Cumplieron con su misión… ¿Es que no lo veis?

     Pero nadie le escuchaba ya. La guerra de las verdades había comenzado.


Este relato fue inspirado por "El Dilema" de María Coca,
...una musa con sabor a mar.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Inercias.

 










      Terminó de escribir un nuevo poema, sacándole, como siempre, verdades a las palabras. Era un poema perfecto. Posó dulcemente su pluma sobre la mesa e hizo así con los hombros para soltar la espalda. Entrelazó luego sus dedos y fue doblándolos despacio hasta sacarles mentiras. Después, con la misma parsimonia, arrugó el papel preñado de su poesía y lo arrojó por encima del hombro. Sabía que era inútil seguir escribiendo, pero no terminaba de hacerse a su nueva condición. La muerte se parecía demasiado a la vida.


 A Don Mario por su cumpleaños... y por todo lo demás.
(Inspirado en el poema "amor de tarde" de Mario Benedetti).

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ira.


Un portazo a destiempo lo echó todo a perder. Tú ya no estás y yo… lo entiendo.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Coma.




     La sala era amplia. Voluntarios de impecable bata blanca la mantenían siempre limpia y aireada, a media luz. La música y el incienso suavizaban el ambiente protegiéndolo de energías extrañas. Era un buen lugar para estar en coma.

     Como cada día, a la hora habitual, el Dr. Perkins comenzó su ronda vespertina seguido del séquito de pupilos que revoloteaban a su alrededor tomando notas en respetuoso silencio. En la sección de recién llegados se dispuso a seguir el peculiar protocolo de diagnosis que levantara tanto revuelo y le hiciera tan popular en su momento: Se acerca con suavidad al paciente y durante unos instantes olisquea su coronilla examinando su estado mental. Después apoyando apenas sus manos sobre el corazón establece el estado de las emociones. En las rodillas explora los miedos y posando sus manos en la planta de los pies determina el apego que el paciente le tiene aún a la vida. Siempre se refiere a ellos por el nombre de pila y durante todo el proceso se abstrae profundamente, respirando lento, con los ojos suavemente cerrados.

     Tras revisar al primer paciente, como saliendo de un trance, comentó a media voz.

-Bien, tenemos aquí un típico caso de coma convencional. Lorenzo se ha tomado un descanso de la vida, una suerte de paréntesis. Eso es todo. Animen a sus visitas a que le hablen amorosamente. El paciente oye, entiende, siente y es muy probable que al despertar lo recuerde todo. Volverá cuando esté listo.

     Se despidió del paciente acariciando su frente con ternura y se acercó a la cama contigua. Esta vez se tomó más tiempo antes de hablar y repitió la diagnosis yendo varias veces de la coronilla a las rodillas y a la planta de los pies.

-Interesante… -dijo bajando el tono, como hablándose a sí mismo –El caso de Lucía no es un coma propiamente dicho. Es un punto y seguido. Aquí no hay descanso, hay angustia. Por algún motivo todo se ha detenido bruscamente. Sus asuntos están aún sin resolver. Palpen sus rodillas. La paciente tiene miedo, siente vértigo… algo así como unos puntos suspensivos sin nada detrás. Requiere nuestra máxima atención. Supervisaré personalmente las visitas y su evolución. Que alguien tome su mano en todo momento. Hay que calmar esa tormenta interior.

     Se demoró todavía un rato con las manos sobre el abdomen de la mujer antes de dirigirse al último recién llegado. No tardó en dar su diagnóstico.

-Manuel está en paz –dijo con su mano sobre el hombro del paciente –Es un punto y final. Ha resuelto ya todos sus asuntos terrenales. Permanecerá en este estado hasta que decida dar el último salto. No va a volver. Si tocan sus pies verán que está ya muy lejos de aquí… en un lugar acogedor. Buen viaje, amigo –susurró cabeceando con una sonrisa en los labios.

     Despidió a sus estudiantes dando las últimas instrucciones y se acercó después a la cama de Lucía. Tomó dulcemente su mano, cerró los ojos y frunció levemente el ceño. Hoy pasaría la noche con ella.


A Manuel (1972-2010).  Buen viaje...

martes, 31 de agosto de 2010

Soberbia.



     Cada mañana, puntual, surgía del mar pavoneando su luz, tiñendo de colores el mundo, seguro de seducirla. Mientras, ella, en su perpetua quietud, su impecable estar de vigía, deshojaba los instantes del día esperando serena que volviera la noche y, con ella, su amor inconfesable… la Luna.


Este relato parte de la propuesta de Su, "Cuento contigo" . Gracias, Su, por ser nuestra musa, nuestra inspiración... una vez más.

sábado, 28 de agosto de 2010

Miércoles.


     La musa, en su bosque, se quedó sin ideas.

     Mientras, tres mujeres, cada una en su isla, ajenas a su sincronía, escribían el mismo relato, idéntico, simultáneo y prójimo a sí mismo. Un relato sobre tres escritoras que, cada una en su isla, escriben un cuento sobre tres escritoras que escriben sobre una musa en busca de inspiración.

 
     En el bosque… era miércoles.

 Este micro está conectado a través de la magia del miércoles 18 a los relatos:
 Miércoles 18  de Anita Dinamita.
 Miércoles 18  de Su.

viernes, 27 de agosto de 2010

Sequías.



     Llevaba semanas sin conseguir escribir algo que mereciera la pena. Releía textos propios y ajenos, repasaba durante horas su banco de imágenes o navegaba al azar en Internet buscando inspiración. Pero nada conseguía romper aquella obstinada sequía.

     Probó a husmear sin ton ni son en los vericuetos del diccionario buscando una palabra sugerente que le incitara a escribir. Fue inútil,… todas le resultaban tan vacías y secas como su agostada creatividad.

     Desconectó maldiciendo su ordenador y abriéndose paso entre cajas de comida precocinada, pateando latas vacías, y esquivando ceniceros rebosantes de colillas, salió por fin de su estudio. Se vistió con lo primero que encontró en el cesto de la ropa sucia y bajó al bar de la esquina a intentar ahogar su sequía en alcohol. Lo encontró cerrado… miró sorprendido su reloj: Las cuatro de la mañana.

     Entonces… comenzó a llover.

     Alzó su rostro, abrió los brazos vencido y se dejó empapar sin pensar ya en nada. Sintió cómo la lluvia le iba calmando, volviéndolo a su ser, limpiándolo de tantos días de miseria y soledad. Inhaló y exhaló. Despacio… varias veces, sintiendo el camino del aire en su interior como si fuera la primera vez que respirara. Entonces, con las lágrimas fundiéndose con la lluvia en sus mejillas, susurró:

-Qué estúpido… la vida es la mejor de las musas.

     Al regresar a casa desempolvó su vieja estilográfica e, inspirado aún por el nuevo soplo de la lluvia, escribió durante varias horas, durante varias páginas,… hasta quedarse sin tinta.

Dedicado a Anita Dinamita y a Su por aquel miércoles en que las musas se rieron de nosotros.

domingo, 22 de agosto de 2010

Pequeñas muertes.










    

     Estaban destinados a morir simultáneamente en distintos puntos de la ciudad… pero no fue así.

     Cristina debería haber muerto en la balacera que se desató en el supermercado donde hacía habitualmente sus compras, pero una viejita octogenaria, cuya muerte estaba prevista para once años más tarde, recibió en su lugar la bala perdida cuando regresó a buscar el monedero que había extraviado una hora antes junto al estante de los detergentes.

     Luis esquivó sin saberlo a la muerte al ceder amablemente a una bella señorita el taxi que treinta segundos más tarde sería arrollado por un tráiler fuera de control.

     A María le salvó su adicción al tabaco. Estaba previsto que cogiera el ascensor en la novena planta de Gran vía 59 en el mismo instante en que la bala de Cristina era disparada y el camión que debiera haber matado a Luis se quedaba sin frenos. Sin embargo, en el último momento, decidió dejarlo pasar y fumarse tranquilamente el que bien pudiera haber sido su último cigarrillo mientras bajaba tranquilamente por las escaleras y el ascensor se precipitaba desde el séptimo piso haciéndose añicos contra el suelo.

     Ignorantes de estar disfrutando ya de un tiempo prestado, siguieron viviendo atareados en sus asuntos cotidianos.

     En una dimensión cercana, a un susto de distancia, la Muerte se afana en su despacho tratando de enmendar semejante desbarajuste. Diseña un nuevo destino para estos tres escurridizos mortales y busca cómo llenar el hueco dejado por quienes murieron en su lugar para devolver la armonía al espacio-tiempo sin interferir el normal devenir del resto del universo. Mientras, al otro lado de la puerta, tres aprendices en periodo de prueba aguardan lúgubres e inquietas en la sala de espera, sabedoras de que tendrán que volver a gestionar muertes menores, tal vez de seres unicelulares en algún mundo perdido, durante al menos otra interminable, decepcionante y aburrida eternidad.

lunes, 9 de agosto de 2010

Siempre... el silencio.


     Cada mañana, al despertar, brincaba de la cama sin apagar el despertador hasta haber conectado la televisión del dormitorio y se iba espabilando arrullada por el runrún acelerado de las noticias y la publicidad. Luego, mientras se aseaba, encendía la radio y sintonizaba una emisora al azar que llenara con su estrépito el espacio del cuarto de baño. El zumbido del microondas la adormecía en la cocina hasta que sonaba la campanita que indicaba que el café ya estaba listo. Lo bebía absorta, tarareando las canciones que emanaban de su aparato de alta fidelidad con la vista clavada en la pantalla del televisor del salón. Una vez vestida, se colocaba los audífonos del ipod y, sólo entonces, desconectaba todos los aparatos, segura ya de no toparse con ningún silencio indeseado. Así, salía tranquila a su fragor cotidiano y se pasaba nueve horas entre el estruendo de las fotocopiadoras y el alboroto de los clientes, que se desgañitaban haciendo a gritos sus pedidos.

     Al volver a casa, agotada, encendía de prisa todas las luces e iba conectando a su paso televisores y radios, cenaba cualquier cosa, abstraída de nuevo frente a su pantalla de 34 pulgadas y ponía finalmente la música en su cuarto para dormirse tranquila… segura de que el agitado movimiento de sus sueños la mantendría alejada del molesto silencio que, a pesar de todo, no podía evitar intuir por debajo de tanto ruido protector,… acechando entre dos latidos, al final de un suspiro, callado y perpetuo, esperando la oportunidad… de enfrentarla por fin a ella misma.

domingo, 8 de agosto de 2010

Evolución.












Dio por fin su brazo a torcer. Uno a uno se sacó los clavos y bajó torpemente de la cruz. Hacía años que ya nadie iba a verle.

martes, 27 de julio de 2010

Gula.


 
     Solía degustar las palabras con dedicación de gourmet, dándole a cada una su tiempo, su espacio, permitiendo que el eco de cada sonido se diluyera en el ámbito de su paladar. Las dividía en fonemas, lexemas y morfemas intentando hallar su esencia, su espíritu, hasta que sólo le quedaban letras mezcladas como naipes en una baraja: Siempre las mismas, en distinto orden… contando diferentes historias.

     Adoraba el golpecito que la t propinaba en sus dientes, la caricia leve de la l en el cielo de su boca y la vibración juguetona de la r en la punta de su lengua. Pero entre todas su favorita fue siempre la b, que prepara la boca como para un beso.

     De las vocales simpatizaba con la o por asombradiza y con la e por vacilante. De la a solía decir:

-Todos morimos con una a en los labios, cuando el espíritu se nos esfuma en la boca.

     Con el tiempo empezó a devorar las palabras con hambre de naufrago, con una avidez digna de espanto, hasta que un día se le enredaron una a y una o en un espacio equidistante entre el gaznate y las entendederas. Prorrumpió entonces en una tos salpicada de tildes y comas y, sorprendido, de pronto… escupió una @.

Haikum II






Llega una ola...
En la orilla no hay nadie.
Llega otra ola.

domingo, 18 de julio de 2010

Inmortal.











     Quiso hacer un trato con la muerte:

-Yo no muero y tú vives en mí.
-Yo habito ya en todo lo que vive. Todo lo que vive me contiene. La vida no es más que una semilla de lo que yo soy –le respondió paciente la calavera.
-Pero yo no quiero morir… ¡nunca!
-Ya estás muriendo. Vivir es morirse de a poco.
-¡Pídeme lo que quieras!… ¡no quiero morir!
-¿Estás seguro? Sólo hay una forma de que eso ocurra.
-Por favor, no importa el precio. ¡Quiero ser inmortal!
-Que así sea… –susurró la muerte con cierta ternura en la voz.

     Entonces aquél hombre desapareció para siempre de la faz de la tierra y se borró su memoria de todos los mundos y todos los tiempos. En realidad… nunca existió.

martes, 13 de julio de 2010

El reproche.


-¿Y cuándo, mi querido maestro, le agarró a usted semejante pereza?
-Creo que cuando me morí.
-Pero eso no es excusa suficiente para un paréntesis como el suyo, tan oceánico.
-Ah, ¿no? ¿Y de qué otra forma podría ser?
-No sé... podría usted, por ejemplo, derramar su saber en algún mortal de su elección, ser su inspiración,… ser una suerte de musa.
-¿Una musa? ¿con todo y alitas… con este rostro de mosquito miope? Resultaría cómico, fuera de lugar.
-Cierto… Verá, Don Mario, es que se me indigesta su ausencia, esta tan cotidiana, tan irremediable.
-Nunca fuimos tan prójimos.
-Y también… viceversa. Si me lo permite.
-Ahorita tengo que dejarle. Debo ejercer de muertito en un encuentro de calaveras neófitas. Nunca vi en vida reuniones tan democráticas.
-Hasta pronto pues, maestro. Seguiré convocándole.
-Chau.

Perdóneme la incorrección, Don Mario.
Es sólo que le extraño...

martes, 6 de julio de 2010

Haikum I







Nadie lo sabe...
muy lejos de la costa
llueve sobre el mar.

martes, 15 de junio de 2010

Punto de vista.


     Llevaba una vida sencilla, pequeña, de andar por casa, en una confortable soledad sólo concurrida por el sordo runrún de la televisión y la tierna presencia de su mascota.

     Ya desde aquel miércoles remoto, cuando la encontró en la calle y decidió adoptarla, tuvo la certeza de que resultaría una agradable compañía. Dedicó tiempo y paciencia a enseñarle las normas básicas de una convivencia hogareña y civilizada, y había hecho un gran trabajo. Adoraba verla moverse por la casa con ínfulas de ama, como si fuera la dueña de aquellos ámbitos, de cada rincón, o cómo se abismaba frente al televisor como si pudiera entender aquel galimatías de imágenes en movimiento. Le resultaba relajante observarla asearse y acicalar durante horas su pelo negro, entretejido ya con las filigranas de las canas, y aunque tenía que soportar que la despertara de la siesta con sus caprichos a cada rato o participar en aquellos interminables e infantiles juegos de cazar ratones de trapo y atrapar ovillos de lana, nunca sintió antes una cercanía tan incondicional, tan desinteresada.

     Sí,… había hecho un gran trabajo. Sin duda aquel apacible ser humano resultó ser el perfecto animal de compañía, pensaba ronroneando, mientras veía pasar de nuevo a su adorable viejita camino de la cocina, atareada en sus indescifrables asuntos.

sábado, 12 de junio de 2010

Más bello que el silencio.











     No había cumplido aún los cinco años cuando  escuchó por primera vez la expresión “ha pasado un ángel” y ante el desconcierto de padres, médicos y psicólogos decidió guardar un obstinado silencio empeñado en no perderse la ocasión de ver, en el espacio de un sigilo inesperado, un ángel pasando.

     Con el tiempo fue perfeccionando su mutismo y su atención. Se le iban las horas esperando una pausa en las conversaciones y atisbando el aire entornaba los ojos, conteniendo el aliento, persuadido de poder percibir en lo más sutil la brisa generada por las alas de un espíritu al pasar.

     Más tarde se casó con una muda y aprendió los rudimentos del lenguaje de los signos, pero pronto lo abandonó también. “Para ser un idioma de mudos, es muy escandaloso” le dijo gesticulando a su mujer, convencido de que semejantes aspavientos espantarían a la fuerza a cualquier ser alado que anduviera cerca.

     Sólo años después, el día en que nació su hija, rompió por fin su silencio añejo. Miró con una ternura mojada de lágrimas a aquel ser pequeñito, tan solitario en la inmensidad de sus brazos, y con la voz desafinada por la falta de costumbre y rota por la emoción le dijo:

-Sabía que vendrías…

miércoles, 9 de junio de 2010

El monje.











     Bebían los vientos por el profesor de yoga. Adoraban su saber enciclopédico, la serena cadencia de su voz, la paz y la luz que transmitían sus palabras, sus movimientos… su mirada. Lo apodaban el monje o el buda y en secreto fantaseaban con la dicha de ser sus novias. Suspiraban…

     Esta noche Clara intenta reconocerse en la imagen deformada que le devuelve el espejo. La boca rota, la nariz embarrada aún en su propia sangre, los ojos hinchados, violáceos... Un sobresalto, un escalofrío,… una voz calma, sosegada, que llega flotando desde el salón:

-Mi amor, viene la cena... o me levanto otra vez?

sábado, 5 de junio de 2010

Libre albedrío.



     Eran las 22:03 del sábado 15 de enero de 2033 cuando en la Sede Central del Ministerio de Cultura, Control y Seguimiento detectaron la infracción y se activó con carácter de urgencia el protocolo habitual en estos casos. 23 minutos más tarde, Miguel Ángel Sánchez Lozano-hijo era arrestado en su domicilio habitual por desconectar su televisor en horario de máxima audiencia.

(Mil gracias, Miriam)

martes, 1 de junio de 2010

Dama y Vagabundo.


 
     Cerca de tres años llevaban amándose sin conocerse de otra forma que no fuera a través de sus identidades virtuales. Cada noche, sin falta, cumplían su ritual: Una vela, una copa de vino y una flor junto a su portátil... y les alcanzaba el alba chateando su pasión, intercambiando frases de amor, sin cámaras, sin fotos. Sólo palabras, pensamientos.

Dama dice (02:31):
No me interesa tu aspecto. Es tu mundo interior lo que me fascina, lo que me cautivó.

Vagabundo dice (02:32):
Para mí es igual. Somos parte de lo mismo, Dama. Ya te amo.

     Así, con la certeza de un amor a prueba de sus respectivas realidades, decidieron por fin conocerse. El próximo sábado, a las 21:00 en el Kilómetro Cero, vestidos de negro enterizo, con la imagen de una arroba prendida en el pecho.

     Dama llegó temprano. Esperaba inquieta, con el corazón contento y espuma en los huesos. Llamaba la atención la expresión de su cara, fronteriza entre la felicidad y la expectación. Una expresión bella, inefable, que se le pasmó en una mueca cuando vio irrumpir en la plaza una sonrisa que iluminó la tarde. La sonrisa que más amaba en el mundo. La misma que se congeló en la cara de Julián cuando, entre el gentío, pudo distinguir a su hermana Clara mirándole espantada, pálida… vestida de negro enterizo con una arroba prendida en el pecho como símbolo de un amor a prueba de realidades… exactamente igual que él.

Clara y Julián… la Dama y el Vagabundo.


domingo, 30 de mayo de 2010

Tic, tac...


-Entonces, querido maestro… Quién eres?
-Soy este instante.
-Pero, maestro… de todos los instantes posibles, cómo saber cuál eres realmente?
-Siempre este, ahora.
-Y ahora… Quién eres?
-…Tic, tac!!