jueves, 19 de enero de 2012

Cuentos de Amador.

8. El faquir.























—Hay alguien flotando en la plaza.

       Con esa cantinela entró Sandalio, el vagabundo de la sonrisa triste, en la taberna de Bienvenido cuando aún no empezaba el día. Aquella mañana todo parecía a medio hacer, como si el mundo no terminara de despertar. Las aves nocturnas volaban desconcertadas en un alba detenido mientras la niebla temprana se fundía con las primeras sombras de la tarde anterior. Las flores quedaron a medio abrir en los jardines y los gallos se miraban inquietos sin decidirse a cantarle a un día que no llegaba. El Pulga, en los prados del norte, se afanaba en despabilar a sus ovejas que, por primera vez desde siempre, acudían con retraso a su encuentro.

       Hacía muchos años que en la aldea no pasaban ya esas cosas de cuento. Desde la llegada del Padre Anselmo se había instaurado en el lugar una normalidad ordinaria a golpe de sermón y procesiones. Sin embargo, aquel día parecía como si alguien se hubiera olvidado de darle cuerda al reloj. Los vecinos se atuvieron a sus horarios refugiándose en sus quehaceres cotidianos. Perplejos, hacían como que no pasaba nada, pero cundía cierta congoja. El pueblo parecía contener la respiración esperando algún acontecer y la gente llevaba el paso como cambiado, torpe, valdría decir tardío.

       Bienvenido dejó de pulir las copas súbitamente y con un movimiento inconsciente de su muñeca se colgó el trapo en el hombro:
       —¿Cómo has dicho, Sandalio?
      —Hay alguien flotando en la plaza —repitió indiferente el muchacho mientras buscaba un fósforo en sus bolsillos.

jueves, 12 de enero de 2012

Crónicas ergo Haikum*... o viceversa.







 











Hay veces, no demasiadas, en que el payaso Kum* se quita el sombrero. Hay otras, bastante insólitas, en que se saca además la nariz de payaso. Entonces, esas veces tan inusuales, ya no está el payaso Kum*, desaparece. No nos queda sino Karlos*, un tipo ordinario, frecuente, como todos los demás, igual de invisible y de como somos,... Yin-yang.

       Karlos* no escribe en "Haikum*...", tiene su propio lugar, chiquito, incierto y doméstico. Sublime y convencional,... como todos los lugares, como todos los instantes, normal. Es un lugar hermano a Haikum*, en realidad, anterior. Si no tiene usted tiempo para perder, vuélvase por donde ha venido y siga con sus asuntos.  "Crónicas..." es un espacio donde la verdad y la mentira son, como siempre, sinónimos, donde sólo hay introspección... hacia fuera, como siempre. Un sitio plagado de puntos suspensivos donde de pronto te llueven asteriscos despeinados, como cualquier día en cualquier sitio moliente. Es decir, un lugar muy tan usual, donde se va usted a encontar un payaso vestido sólo de hombre normal.

       Dijo una vez aquel sabio: Nunca veas a una puta con luz de día ni a un payaso sin su disfraz.

       Bien, si es usted de los que se pasan a los sabios por la nariz de payaso... sea bienvenido en "Crónicas...", donde no hay, en realidad, nada que aprender. Donde todo es del revés y todo se desaprende. Como debe ser... si se mira uno al espejo de culo y sin complejos.      

       Queda usted, pues, invitada y advertido. Y también, viceversa. Es decir... usted misma. O mismo. Sean bienvenidos todas a la mente de un payaso sin nariz.

       Besos, besos payasos... todavía, ya que aún no cruzó usted la linea que separa lo uno de su igual.

       ...o viceversa.


miércoles, 28 de diciembre de 2011

Coma.













Una tenue calma se respiraba en la sala; amplia, siempre limpia y aireada, a media luz. La música y el incienso suavizaban el ambiente protegiéndolo de energías extrañas. Era un buen lugar para estar en coma. 

       Como cada día, a la hora habitual, el Dr. Perkins comenzó su ronda vespertina seguido del séquito de pupilos que revoloteaban a su alrededor tomando notas en respetuoso silencio. En la sección de recién llegados se dispuso a seguir el peculiar protocolo de diagnosis que levantara tanto revuelo y le hiciera tan popular en su momento: se acerca con suavidad al paciente y durante unos instantes olisquea su coronilla reconociendo su estado mental. Después, apoyando apenas sus manos sobre el corazón, comprueba el estado de las emociones. En las rodillas explora los miedos y posando sus manos en la planta de los pies determina el apego que el paciente le tiene aún a la vida. Siempre se refiere a ellos por el nombre de pila y durante todo el proceso se abstrae profundamente, respirando lento, con los ojos suavemente cerrados.

       Tras revisar al primer paciente, como saliendo de un trance, comentó a media voz:

       —Bien, tenemos aquí un típico caso de coma convencional. Lorenzo se ha tomado un descanso de la vida, una suerte de paréntesis. Eso es todo. Animen a sus visitas a que le hablen amorosamente. El paciente oye, entiende, siente y es muy probable que al despertar lo recuerde todo. Volverá cuando esté listo. 

       Se despidió de Lorenzo acariciando su frente con ternura y se acercó a la cama contigua. Esta vez se tomó más tiempo antes de hablar y repitió la diagnosis yendo varias veces de la coronilla a las rodillas y a la planta de los pies.

       —Interesante… —dijo bajando el tono, como hablándose a sí mismo—. El caso de Lucía no es un coma propiamente dicho. Es un punto y seguido. Aquí no hay descanso, hay angustia. Por algún motivo todo se ha detenido bruscamente. Sus asuntos están aún sin resolver. Palpen sus rodillas. La paciente tiene miedo, siente vértigo,... algo así como unos puntos suspensivos sin nada detrás. Requiere nuestra máxima atención. Supervisaré personalmente las visitas y su evolución. Que alguien tome su mano en todo momento. Hay que calmar esa tormenta interior. 

       Se demoró todavía un rato con las manos sobre el abdomen de la mujer antes de dirigirse al último recién llegado. No tardó en dar su diagnóstico.

       —Manuel está en paz —dijo con su mano sobre el hombro del paciente—. Es un punto y final. Ha resuelto ya todos sus asuntos terrenales. Permanecerá en este estado hasta que decida dar el último salto. No va a volver. Si tocan sus pies verán que está ya muy lejos de aquí… en algún lugar acogedor, diría yo. Buen viaje, amigo —susurró cabeceando con una sonrisa en los labios.

       Despidió a sus estudiantes dando las últimas instrucciones y se acercó después a la cama de Lucía. Tomó dulcemente su mano, cerró los ojos y frunció levemente el ceño. Hoy pasaría la noche con ella.



A Manuel (1972—2010).  Buen viaje...

martes, 6 de diciembre de 2011

Desvelos.


















Despertó en mitad de la noche alarmado por el eco de un silencio. Luego, afinando un poco el oído, percibió el tum-tum de un corazón ajeno, distante y prójimo, forastero, inusual. Trató de verse las manos, los ojos, luego la espalda. Fracasó.

       Sintió su ser diferente y cierto sabor a hiel. Se enderezó en el lecho.

       —Ayer yo era un árbol —dijo como para sí, moviendo un poco las piernas, y al desconocer su voz se asustó tranquilamente.

       Se levantó de un brinco, despacio, y rozando con sus alas las paredes húmedas, pisando insectos, no encontró ventana alguna pero se asomó a mirar.

       —Ah, eso era todo —susurró entonces como más calmado—, están lloviendo hombres con paraguas.

       Luego volvió a despertarse… o a dormirse, que casi siempre es igual.
 

sábado, 19 de noviembre de 2011

Mundo Payaso V.




















Cada cuatro años obedecían.
Luego, seguían obedeciendo.

martes, 15 de noviembre de 2011

Deslecciones de amor...




Cosas a desaprender:

     1. Te amo, luego me perteneces.
     2. Te amo, luego tu sexo es mío.
     3. Te amo, luego te necesito.
     4. Te amo, luego no puedo vivir sin ti.
     5. Te amo, luego llenas todas mis carencias.
     6. Tengo celos, luego te amo.
     7. Nos amamos, luego somos uno.
     8. …y también viceversa.


Nunca se me ocurriría intentar darles a ustedes... lecciones de amor.


miércoles, 2 de noviembre de 2011

Cuentos de Amador.

7. Jack Landon.



















Llegó a la aldea por azar el día que buscando otro lugar se había extraviado en el bosque. Se enamoró del pueblo y de sus gentes a la primera impresión y quiso recompensarles con los agasajos del progreso, cometiendo el mismo error en el que, tarde o temprano, todos terminamos cayendo: intentar cambiar aquello que nos enamora para poder entenderlo mejor.

     Así y con el tiempo, inauguró una carretera que no iba a ninguna parte, construyó una vieja iglesia cuando nadie sabía aún rezar y descubrió una mina de oro en las montañas del norte, que a veces estaban al sur. Se pasó media vida intentando trazar un mapa de la aldea y sus alrededores que jamás pudo acabar. Nunca consiguió dibujar los contornos de un lugar incierto y cambiante que por aquellos entonces no estaba aún en ningún sitio.

     Se hacía llamar Jack Landon y, a pesar de su juventud, ya había recorrido el mundo unas veintitrés veces en busca de fama y fortuna, o tal vez... viceversa. Arqueólogo apasionado y aventurero empedernido, había explorado selvas y desiertos en los siete continentes, descubierto culturas milenarias que jamás habían existido y fundado ciudades perdidas en los albores del tiempo, pero jamás en sus viajes había conocido un lugar como aquel.

     Tres días después de llegar pidió hablar con las autoridades y la gente se le quedó mirando como el que mira a un niño que no sabe explicarse bien.

jueves, 27 de octubre de 2011

Mundo Payaso IV.






















¡Son tod@s un@s ignorantes! –pensaban tod@s de tod@s l@s demás.   
   

martes, 18 de octubre de 2011

Mundo Payaso III.




-¡VOTADME!- Les exigió el candidato.

Le votaron,... claro.
  

lunes, 17 de octubre de 2011

Cuentos de Amador.

6. La china.























En el albor de los tiempos, mucho antes de la fundación del pueblo, se hablaba ya de una vieja curandera a la que todos se referían como “la extranjera”. Nadie supo nunca dilucidar cuándo llegó ni cómo. A decir verdad, no se sabe si llegó realmente alguna vez o es que, a la sazón, estuvo allí desde siempre. Lo único que parece claro es que la China paseaba ya por el mundo, conocía ya las artes de la hechicería y, además, era ya vieja.
 
     En aquellos entonces nadie se entretenía demasiado en saber quién era cada cual o en preguntar de quién eres. Andaban todos muy atareados asignándole un nombre a cada cosa y estudiando su utilidad o inventando lo que todavía no existía. Había mucho que hacer. En realidad, estaba todo por hacer. Y todo era tan nuevo que incluso el tiempo, las leyes naturales y la existencia misma, se hallaban inmersos en un proceso de ensayo y error que acabaría por determinar el tal por cual de lo que sería después el mundo.

     Mientras los seres consensuaban en interminables asambleas las bases de lo que debía ser corriente o excepcional, los astros buscaban aún sus rumbos definitivos, y así, a veces amanecía la Luna en lugar del Sol y los días y las noches se intercambiaban sin cuento, o se simultaneaban veranos otoñales e inviernos primaverales con estaciones que terminaron perdiendo su nombre por falta de enjundia o de uso. 

viernes, 14 de octubre de 2011

Utopía... VIII


martes, 11 de octubre de 2011

Utopia... VII




     Cuentan que al principio fueron unos cuantos locos en una plaza. Cuentan que a los pocos días eran miles... después cientos de miles. Cuentan que la gente decía "pero... ¿qué queréis?". Dicen que ellos contestaban "Ya lo sabéis, queremos lo mismo que vosotras, lo mismo que vosotros. Queremos un mundo mejor, por eso estamos aquí".

     Hay quien dice que el movimiento se extendió más allá de todas las fronteras.

     Cuentan ahora, que el 15 de Octubre se manifestarán en todo el mundo. En más de 67 países, en más de 630 ciudades... en los 15 continentes.

     Cuentan...

Pero, espera... ¿Realmente quieres que te lo cuenten?

     ...¿No sería mejor vivirlo?




     El próximo sábado 15 de octubre miles de personas saldremos a manifestarnos en cientos de ciudades en todo el mundo en una movilización común contra los poderes que nos imponen un mundo y un modelo de vida insotenibles e injustos.

     Aquí tienes un listado provisional de los más de 67 países y las más de 630 ciudades que participan de momento, con enlaces para informarse de las movilizaciones en cada ciudad.

     Vamos a prepararlo entre todas para que sea un éxito. Tal vez te apetezca formar parte de ello. Para difundir y participar en su organización pincha aquí.

Ánimo... haces falta.



Puedes entrar en la página web de Acampada Sol pinchando bajo la cabecera del blog donde pone "Hace mucho Sol".

viernes, 30 de septiembre de 2011

Mundo Payaso II.




















Hartos de todo,... continuaron igual.
 

martes, 27 de septiembre de 2011

Mundo Payaso.



Creían estar vivos, pero llevaban años muertos frente a su televisor.

domingo, 4 de septiembre de 2011

Cuentos de Amador.

5. Buenaventura.



















La tarde en que Amador regresó de conocer mundo, una lluvia indolente tocaba con sus dedos en todas las ventanas anunciando su llegada.

     En los doce años que tardó en saciar su sed de gente, lugares y aconteceres, la aldea había envejecido casi un siglo. Los caminos se habían cerrado devorados por la voracidad del bosque, mientras las fachadas sucumbían a la carcoma de un tiempo sin reloj. Las cosas estaban más viejas. Sólo la fuente de Segundino permanecía intacta, inmune en su plaza al comején de la vida. Sin embargo, los asuntos de la gente, sus intrigas cotidianas, seguían igual que el día que se fue como si hubieran negociado esperarle. Antes de que el autobús doblara la esquina del roble, la China, desde el puesto de hierbas del mercado, anunció: “El chico vuelve, y no viene solo”.

     El rumor de su vuelta recorrió el pueblo como un vendaval, sacando de su limbo a los borrachines de La Taberna de Bienvenido. En medio de un alboroto de estampida, sillas volteadas y vasos rodando, Buenaventura, como saliendo de un trance, sin alterar su estar tranquilo y somnoliento, sentenció entre los vapores de su borrachera:

     -Todo el que regresa, antes se había ido –y volvió a su habitual desmayo.

     Cuando Sandalio, el vagabundo de la sonrisa triste, vino con el cuento de que Amador había vuelto acompañado de una india con ojos de gata y caderas de tigresa, Buenaventura parpadeó de nuevo y levantando torpemente su mano derecha con el índice extendido, dijo con su mejor voz de congresista:

     -Indiscutiblemente, a veces… llega alguien.

     Así era Buenaventura Cuerda de la Soga, licenciado en Ciencias Físicas, Químicas y Matemáticas, destinado a acabar con la mitad de las miserias del mundo y echado a perder por una adicción voluntaria al vodka, al vino y al coñac. Nadie en el pueblo supo nunca de sus famas, sus reconocimientos o sus doce Honoris Causa en universidades del mundo. Cuando llegó, hacía casi cuatro lustros, era ya un borrachín sigiloso y ordenado que llegaba a la taberna en la mañana y no salía hasta que Bienvenido le sacaba a empujoncitos después de cerrar.

martes, 16 de agosto de 2011

Cuentos de Amador.

4. El Pulga.


















 
Tuvo un nombre difícil de recordar, una madre casual y una ausencia irresoluble como figura paterna. Su paso por el mundo fue tan discreto que aún hay en el pueblo quien asegura que nunca existió del todo.

     Nació tan sin hacer ruido y tal fue desde el principio su talante reservado que hicieron falta trece azotes y un pellizco para que emitiera algo así como un balidito de oveja y la comadrona quedara por fin satisfecha. Cuando le preguntaron a su madre cómo se llamaba el niño, ella, reconociendo en el bebé la mirada extraviada del padre, a punto estuvo de contestar que Anselmo. Pero no fue así. Se tragó los remordimientos de su pecado mortal y, mordiéndose la culpa en los labios, marcó al niño de por vida con un nombre fácil de olvidar y apellidos de expósito.

     Al quedar embarazada, Gertrudis había tenido que abandonar con urgencia y para siempre la casa parroquial donde durante años se encargara de calentarle la casa, el caldo y la cama al santísimo Padre Anselmo. Aquella huida le rompió el alma, los anhelos y las ganas de vivir, y aunque siguió respirando, dejándose consumir poco a poco por la carcoma del tiempo, su existencia y sus vacíos adquirieron pronto cierto tufo a cementerio que no la abandonaría hasta el final de sus días.
    
     Sólo una vez se la volvió a ver en el pueblo, cuando cinco años después, en la estación de las lluvias, se bajó del autobús veinte años más vieja con una maletita de cartón colgando de una mano y trayendo de la otra a un chamaco flacuchento y cabezón que llevaba en el estar cierto aire desapercibido. Nadie la reconoció ni reparó en el muchacho. Caminaron bajo el aguacero, arropados por una niebla que los cubría de olvido, hasta llegar a una puerta al final de un callejón donde Gertrudis tocó tres veces dejándose en cada golpe el poco alma que le quedaba. Luego le dijo al chiquillo “espera aquí”, le dio un beso distraído y desapareció para siempre de su vida entre viento, tarde y lluvia. Al abrir la puerta, al Padre Anselmo casi se lo lleva el susto de encontrarse con sus ojos en el rostro de aquel niño que se rascaba embarrado, aquel pajarito mojado que de alguna manera parecía no estar allí. Con el corazón brincándole aún bajo la sotana, le preguntó al chiquillo cómo se llamaba, olvidó su nombre un instante antes de escucharlo y, a empujoncitos, algo así como con asco, le fue metiendo en la casa dejándole en manos de las monjitas que cuidaban a los huérfanos de la última guerra. 

miércoles, 13 de julio de 2011

Cuentos de Amador.

3. Segundino.















     Segundino Meléndez llegó tarde a vivir su vida. Cuando quiso darse cuenta ya no hubo manera. Se acodó en la fuente de la plaza fumando de medio lado y se dispuso a pasar así las eternidades de un tiempo sin rumbo. Observaba atentamente los quehaceres cotidianos de sus paisanos y, al menor descuido, allanaba una vida ajena y la vivía durante unos días hasta que la rutina de una existencia mortal le aburría o alguien denunciaba la tropelía. Entonces, sin alborotos, desalojaba aquella vida dejando las facturas sin pagar y volvía sereno a su fuente.

     Vivió así muchas vidas sin vivir ninguna suya. Probó todos los oficios, tuvo todas las edades y sólo una vez fue mujer. Tan extraño se sintió en un cuerpo diferente que antes de poder saber dónde estaba cada cosa volvió corriendo a su plaza jurándose no repetir. En el pueblo nadie se espantó con aquel trasiego de almas, tan acostumbrados como estaban a las extravagancias y excentricidades de la vida corriente y común. Cuando alguien se comportaba raro o se iba de los sitios sin pagar, apuntaban las deudas en una libreta, si acaso comentaban “muy Segundino anda éste últimamente”, y volvían a sus cosas.

martes, 5 de julio de 2011

Preguntas...

 


















-Disculpe, ¿Puedo hacerle una pregunta?
-Obviamente sí. Ya lo está usted haciendo.
-¡Oh!…, sí, sí, claro, usted perdone. ¡Ejem!, Entonces… ¿cómo se gana usted la vida?
-¿Ganarme la vida?... no sé a qué se refiere. La vida me la gané cuando me nacieron sin preguntarme.
-Hmmm... Creo que no me ha entendido, déjeme preguntárselo de otra manera. ¿A qué se dedica?
-A vivir.
-Ah, ya, claro, pero… ¿Qué hace, es decir, en qué invierte su tiempo?
-No le entiendo. El tiempo no se invierte, caballero. Siempre es hacia adelante.
-¿Qué?... ah, bueno, sí… quiero decir, ¿Qué hace para,… en fin, qué hace?
-Dejo que la vida viva a través de mí. 
-….Oiga, no responde usted a mis preguntas.
-Tal vez no haga usted las preguntas adecuadas.
-¿Ah, no?
-En realidad, ni siquiera parece usted tener sus propias respuestas. Así no encontrará nunca las preguntas.
-¡Es usted un impertinente!
-…Gracias, caballero. Ahorita, si me permite, tengo que seguir atardeciendo con el día.

jueves, 30 de junio de 2011

Piratas.

















     Hacía años que no le ocurría. Había olvidado ya cómo era eso de soñar sin anuncios. Aquella noche, sin embargo, tuvo un sueño como los de antes, sin interrupciones para la publicidad. Al amanecer despertó descansado, un tanto perplejo,… algo así como feliz.

     Mientras preparaba el té para el desayuno llamaron a su puerta. Entonces empezó todo.

     Dos agentes del Ministerio de Cultura, Control y Seguimiento (M.C.C.S.), luciendo el bigotito oficial y vestidos de negro enterizo, le hicieron entrega de la denuncia correspondiente.
      —Ha violado usted la Ley de Protección de Derechos de Autor en su artículo tercero barra cincuenta y cuatro bis, así como la Ley de Consumo Supervisado en su sección tercera, artículo setenta y dos barra uno, uno, siete, cuatro, tres, seis, barra cuarenta y siete b. En estos momentos le está siendo retirada de su cuenta corriente personal la cantidad correspondiente a la sanción asociada a dichas faltas. Así mismo deberá usted presentarse mañana a las 11:33 horas en las instalaciones del M.C.C.S. para cumplir con el proceso de reeducación personalizada aconsejado en estos casos. Si tiene alguna declaración que hacer o no está de acuerdo con la anterior información, deberá acompañarnos inmediatamente a las instalaciones del M.C.C.S. para formular la correspondiente reclamación, previo pago de las costas que dichas gestiones generarán al citado Ministerio. ¿Ha entendido bien todo lo que se le ha dicho? —y sin darle tiempo a contestar, concluyeron: –Muchas gracias por su atención, que tenga un buen día. Velamos por su bienestar —y desaparecieron dando un portazo.
 
     Se quedó allí un buen rato con la denuncia en la mano como una estatua de sal, mirando la puerta cerrada sin dar crédito a lo que acababa de ocurrirle. Luego, como rompiendo el hechizo, dijo por fin “¡Malditos hijos de puta!” a lo que la voz metálica del ordenador central de la casa contestó “Modere su lenguaje, Sr Sánchez, que tenga un buen día. Velamos por su bienestar”.

     Por la noche, cambiando de postura entre las sábanas revueltas, no era capaz de conciliar el sueño. Temía volver a cometer alguna incorrección si se dormía. Cuando el cansancio le venció al fin, soñó que se conectaba a internet y se descargaba ilegalmente una tripulación entera de corsarios sin permiso de residencia o licencia de saqueador alguna, es decir, exactamente ciento treinta y cinco piratas piratas de parche en el ojo, loro en el hombro y pata de palo, sin registro o copyright en curso.

     Armados hasta los dientes, con un estruendo de naufragio, asaltaron el Ministerio de Cultura, Control y Seguimiento saqueando a su paso despachos y despechos, copiando canciones, quemando cd´s, pirateando películas y reproduciendo, total o parcialmente, libros, cuentos y novelas sin permiso del editor. Liberaron a treinta creadores de las jaulas de sus contratos, se bebieron de un trago los derechos reservados, practicaron su puntería con la propiedad intelectual y arrojaron por la borda, atados de lengua y pluma, a siete funcionarios de bigotito oficial, zapatos de cadáver y traje de enterrador, dejándolos a merced de los tiburones, que esperaban cuatro plantas más abajo en un bufete de abogados sito en el mismo edificio.

     Acabada la rapiña los vio alejarse bajo la lluvia, cantando en francachela, compartiendo la satisfacción del deber cumplido, celebrando alegres las delicias de un trabajo bien hecho.

     Entonces despertó sobresaltado. Se frotó los ojos aún medio dormido y miró el reloj. Aún no amanecía. Un escalofrío recorrió su espalda. En el silencio de la madrugada, alguien vociferaba su nombre mientras golpeaba la puerta con el puño.
 

martes, 21 de junio de 2011

Cuentos de Amador.

2. Lunaluz.



     No había cumplido aún los seis años cuando empezó a percibir que no era como las demás niñas. Su casa, su familia…, su país, se le iban a quedar pronto muy pequeños.

     Sus padres no entendieron nunca su hambre de mundo, la inocencia de sus proyectos imposibles ni sus ganas de vivir. Así, más de una vez le desbarataron los negocios infantiles de limpiar las casas y los coches de los vecinos adinerados o vender en la plaza las papayas y los mangos del jardín. La traían de las orejas e intentaban devolver el dinero, avergonzados. La gota que colmó el vaso de la paciencia paterna fue aquella vez que, aprovechando la ausencia de adultos, vendió todos los muebles de la casa y compró otros más baratos, funcionales y modernos. Entonces le cayeron a los gritos, le prohibieron salir durante un mes y cancelaron para siempre sus clases de ballet. Aquello le rompió el corazón. Encerrada en su habitación, mordiéndose en los labios la frustración y la pena, tuvo una certeza. Pronto se iría muy lejos, sola, donde nadie jamás le prohibiera ser ella misma, ser feliz.

     Su madre, desbordada por el amor que sentía por aquella chamaca indomable, se sabía incapaz de hacerle cumplir el castigo y cometió el imperdonable error de confiarle sus horas de encierro a la tía Gesina, que viejita y medio ciega, le llenó a la niña la cabeza y los anhelos de fantasmas amigos, hadas consejeras y diosas de todas las cosas. Hacía décadas que la anciana vivía en un mundo habitado por espectros y no distinguía ya entre familiares o espíritus. En poco tiempo enseñó a la niña a comunicarse con los seres sutiles, a leer las mentes y a mover los objetos con la mirada, a la vez que a bordar o a cocinar. “Tienes el don, pequeña, vaya si lo tienes” –solía decirle entre el orgullo y la desazón. Cuando sus padres quisieron poner remedio, era ya tarde. Su vínculo con la anciana superaba distancias, atravesaba muros y no entendía de tiempos. Así, se les iban las horas en pláticas telepateadas sobre recetas, amores o conjuros, mientras los progenitores respiraban tranquilos sabiendo a la joven encerrada en su habitación. Era muy tarde. Ella habitaba ya en ambos mundos con la misma certidumbre, sin conflicto o confusión.

     Años después, al morir tía Gesina, se sintió huérfana, abandonada en aquel mundo de seres reales en el que sus magias se consideraban una incorrección, más sola que nunca en una casa que percibía ajena. Una mañana, al despertar, vio al espectro de Gesina a los pies de su cama haciendo así con la mano, como diciéndole adiós, con una sonrisa de virgen triste. Ese mismo día, se despidió de su familia sin nostalgias ni alborotos y se marchó rumbo al mar.

-Perdóname, hija, nadie me preparó para educar a un ángel –le dijo su madre con lágrimas en los ojos el día que se fue para siempre.

sábado, 11 de junio de 2011

Utopía... VI













     El Movimiento se mueve. Nos vamos con la música a otra parte. A todas las partes. Después de una larga y profunda reflexión, de horas de encendidos debates, hemos decidido levantar la Acampada de Sol. Pero nada se acaba, esto es sólo el principio. Seguimos. 

     La Acampada ha sido una herramienta fundamental que ha dado unos resultados que superan con creces cualquier expectativa inicial. Nunca fue un fin en sí misma. Hemos despertado, nos hemos conocido, organizado y hermanado. Hemos, de alguna manera, renacido. Ahora el Movimiento se traslada a los barrios, a los pueblos, a los cientos de asambleas que ya están constituidas. Sol seguirá siendo nuestro símbolo y seguiremos tomando la plaza dos veces por semana en Asamblea General. Seguiremos trabajando cada día, todos los días, de forma más cotidiana,... como debe ser.

    El Movimiento no debe depender del trabajo de unos cientos que lo dan todo en una plaza. El trabajo ha de ser responsabilidad de todas, cotidianamente. Queríamos la participación ciudadana y se han establecido las bases y los medios para que esto suceda. Se ha generado, se sigue generando, el tejido social  necesario para que la gente participe de sus destinos. Será responsabilidad de todas, de todos, que esto continúe. Como debe ser.

     Mañana, domingo 12 de Junio, levantamos el campamento. Será una jornada festiva y reivindicativa, en la que celebraremos lo conseguido hasta ahora y seguiremos sentando las bases de una acción constante, real, inclusiva, popular... de todas (las personas). Es vuestra fiesta. Estáis todas invitadas.

    


     Soy sólo un instante. Una cara entre miles. Un corazón contento entre una multitud de hermanas y hermanos. No hay héroes, ni líderes. Esa es nuestra fuerza, nuestro sello. Somos gente, nada más. Y llevamos la razón. Lo saben, por eso nos detestan. Seguimos, cada día, todos los días.




     La opinión pública no existe. Es sólo un invento de los medios. No me interesa. Me interesa la opinión de la gente, esa sí.

     Podría dedicar cien entradas a desmentir o comentar todas las mentiras, todos los ataques, que hemos sufrido desde los medios de comunicación. Pero hace ya años que renuncié a ellos. La manipulación viene, cada vez, más manipulada. Tal vez el primer paso en este cambio sea volver a tomar posesión de nuestra opinión, de nuestra capacidad de crítica. Le llaman información... y no lo es. Nos quieren distraer del presente con una actualidad manipulada. Apaga la tele, hoy.

     Mienten cuando hablan, por ejemplo, de los comerciantes, con quienes hemos mantenido siempre comunicación directa. Mienten cuando hablan. Pero mienten, sobre todo, cuando callan. ¿Alguien ha oído hablar de la revolución que está sucediendo en Grecia? ¿Del masivo movimiento del pueblo griego? Los medios callan al unísono. Igual que silenciaron lo de Islandia. No quieren que los pueblos retroalimenten sus movimientos. Callan al unísono, toman partido. Mienten, también, con su silencio.



     Atrás quedan mil instantes. Miles de caras, de gentes con las que lo he compartido todo. Todo. Atrás quedan mil anécdotas. Ahora viene el resto. Todo lo demás.

     A partir de hoy este foro, Haikum*..., volverá a ser lo que era. Me pongo mi sombrero y mi nariz de payaso y me siento a esperar. A esperar a las musas. A que, como solían hacer, vengan a soplarme sus historias al oído. Perdonadme, pequeñas, que estuve tan atareado. Fue sólo que me pilló de por medio una revolución... y no supe desaparecerme. Pero ya vuelvo... creo. Esto me ha cambiado tanto...




     Era ya noche cerrada. La lluvia arreciaba y los toldos empezaban a hincharse como panzas de vaca bajo el peso del agua almacenada. Intentando evitar que la tormenta echara abajo el campamento, nos pusimos en marcha. Armados de escobas y cubos, un pequeño ejército de pajaritos mojados achicaban agua mientras otros procurábamos tensar cuerdas y rehacer nudos, trepándonos a las escurridizas farolas.

      A pesar de mis esfuerzos, poco a poco iba perdiendo altura en un vaivén vertical e interminable de trepar y resbalar en mi farolita, subir un tantito y bajar dos. Sintiendo los músculos entumecidos, exhausto, me abracé con todo a la farola intentando recobrar fuerzas, juntar ánimos, para un último intento.
   
     Entonces algo me agarró por las piernas y me alzó sin esfuerzo. Sentí un vértigo leve y una repentina sensación de ingravidez, aseguré mi postura y miré hacia abajo aún sorprendido. Pude vislumbrar, entre la lluvia y las sombras, las enormes manos que me sostenían, unos brazos tatuados que escapaban de las mangas remangadas de una empapada camisa blanca y, un poco más allá, un sombrero negro sobre una maleta posada en el suelo. No pude evitar una sonrisa, cierta euforia y algo tibio calentándome el pecho, acá, justo al lado del corazón.

-Puedes bajarme –Grité hacia mis pies cuando acabé la faena, las cuerdas de nuevo tensas y los nudos asegurados. Igual que me había alzado unos instantes antes, aquel tipo me posó en el suelo suavemente, sin esfuerzo.

-Gracias, compañero, muchas gracias. Has resultado verdaderamente providencial. Soy Karlos* –Le dije tendiendo la mano, después de intentar secarla en mis vaqueros mojados. Él la estrechó firmemente enseguida.

- Oí que andáis montando la revolución –Contestó entonces con la voz tranquila, los ojos entornados por la lluvia y una sonrisa franca sin afeitar –Mi nombre es Amador, ¿en qué puedo ayudar?

lunes, 6 de junio de 2011

Utopía... V
























      Apenas recuerdo mi vida anterior. Mi calma, mi sosiego, mis cuentos, mi no hacer. No importa. Seguimos.

     Veinte días después somos ya cerca de noventa ciudades en toda España, más de doscientas en todo el mundo. Un mundo que no ha cambiado. Un mundo que sigue preñado de otro mejor, de nuestra indignación, de nuestra esperanza.

    


     El sábado 28 de mayo se convocaron asambleas en los barrios y pueblos de Madrid, en cada uno. Cerca de treinta mil personas, en cientos de asambleas, se juntaron para hablar, para debatir, para pensar, conocerse. El Domingo, portavoces de todos los barrios acudieron a Sol a presentar sus experiencias y conclusiones en Asamblea General. Ilusión y compromiso. Desde Bruselas, un mensaje: quieren ser un  barrio más de Madrid. Una energía nueva recorre la plaza como un viento fresco que se lleva los cansancios e insufla fuerzas renovadas. También emoción. Incontenible. Tánto trabajo sirve, tánto desvelo, tánta intemperie. Esto se mueve. Crecemos. Yo, mientras hablan los barrios, los pueblos, me convierto en un sauce. Lloro. Alguien me abraza.

     "Te has pasado siete pueblos... llorando" -bromea más tarde un compañero. Nunca mejor dicho. Entonces río.




     Me tomo cuatro días de vacaciones en el trabajo. Necesito desaparecerme, descansar. No oir ni hablar durante unos días. Perderme en mis montañas, sentarme en mi río. Llenarme de silencio, de bosque. Gredos. Me tomo cuatro días para irme a Gredos.

     Fracaso. Me paso los cuatro días de vacaciones metido en Sol. Full time. Pueden más las ganas de no perderme este momento, este proceso, que el cansancio. Sol me devora y me alimenta. Me acaba y me renueva. ¿Soy el mismo?... sí, pero no. Estoy creciendo.




     Se van sucediendo duras jornadas de debate. Debates profundos en los que se pone de manifiesto lo que ya sabíamos. Nos une el hartazgo ante un mundo, un sistema, que no queremos. Las soluciones, las alternativas posibles, son sin embargo diversas, múltiples, en los fines y en los medios, en las formas y en el fondo. Somos prójimas... pero también muy diferentes. Hay quien ve la necesidad de actuar ya, en puntos concretos. Trabajar sobre un manifiesto de mínimos que nos una en la movilización usando los canales que el sistema nos brinda. Hay quien piensa todo lo contrario. Que no puede haber prisas, que el primer triunfo es estar, que hay que construir el tejido social que haga posible el verdadero cambio. Hay quien se conforma con algunas reformas en el sistema y también quien no quiere oir hablar de eso. Hay quien opina que Sol ya ha cumplido y que hay que empezar a pensar en el desmantelamiento de la acampada sin que ello suponga el fin de nada y hay también quien dice no nos vamos.

     Y yo digo que no hay problema, que la diversidad no es negativa, que es, simplemente, inevitable, real. Que probablemente sea presuntuoso hablar de "la voz del pueblo" porque el pueblo tiene muchas voces y que tal vez debamos aprender que a este movimiento no se le puede buscar una voz, un manifiesto, unos mínimos aceptados por todos, sino que deba ser una base, un tejido, desde el que se actúe de forma autónoma y coordinada desde las diferentes sensibilidades, formas y fondos.

     Y, claro, eso puede sonar a chino. Tenemos muy interiorizado el espíritu del sistema que queremos cambiar. Sus prisas, su pensamiento único, su individualidad. Tal vez, ahorita que nos hemos parado a pensar, a hablar, a escucharnos, debamos construir nuevas formas de aceptar la diferencia y saber gestionarla sin que la acción directa estorbe al largo plazo y abrazar la diversidad como algo enriquecedor, con espíritu inclusivo, en lugar de temerla. No es fácil, claro. Y estamos acostumbrados, educados, en lo fácil, en el pensamiento único excluyente.

     El debate no debe paralizar la acción, pero no podemos permitirnos que la acción nos distraiga del debate necesario. Si la revolución no nos cambia por dentro... no es tal revolución. Debe haber espacios y tiempos para la interiorización.

     La ilusión sigue intacta. Sabíamos que no iba a ser fácil. Seguimos, cada día, aprendiendo de nuestros aciertos y nuestros errores. Seguimos educándonos unas a otras. Cada día, todos los días.




     Las compañeras han empezado ha llamarme "Mr. Consenso" y me reclaman, a veces, para moderar discusiones imposibles. ¿Veis?... no puedo evitarlo. Siempre termino haciendo el payaso, por mucho que me quite la nariz.




     Las mismas televisiones que nos amaron, los mismos medios que nos cortejaban, nos cagotean ahorita. Casi nos matan de fama. Ahora nos difaman. Da igual. Nunca me importó lo que los medios dijeron. Ni en esto ni en nada. Mienten, manipulan. Siempre, de una forma u otra. Ya conocéis mi opinión al respecto. Apaga la tele. Baja a tu plaza. No es un eslogan. Yo vivo así.




    Mi querida panda de majaras: Extraño mi vida. La mía. Me falta tiempo para muchas cosas. Para contestar, por ejemplo, vuestras muestras de apoyo y cariño. Os pido disculpas. Estoy seguro de que comprendéis mis ausencias. Os leo y vuestras palabras, vuestros relatos también, son mi sosiego en los minutos que le robo a la revolución. Aunque no me veáis... estoy, os quiero... y os extraño. No sabéis cómo. Tal vez pronto vuelva a mis cuentos. Tal vez esta sea mi última crónica-utópica. No lo sé. Mañana no existe.

     La mochila negra se me ha pegado a la espalda. Forma ya parte de mí. Dentro, junto al kit de la revolución, llevo dos libros. Me dan aire, me consuelan. Me sosiegan, me acompañan. Gracias, Patricia. Gracias Ángeles. De corazón.

    Y gracias de corazón, mi admiracion y respeto, a todastodos las que estáis de una forma u otra, aquí y allá, participando en este movimiento. El nuestro, el de todas.




     Apenas recuerdo mi vida anterior. Mi calma, mi sosiego, mis cuentos, mi no hacer. Apenas la recuerdo,... y la extraño.

     Hasta pronto, se os quiere.

sábado, 28 de mayo de 2011

Utopía... IV



     Ayer viernes, las compañeras de la acampada de Barcelona dieron una lección de coraje, civismo, movimiento pacífico... de valentía. Después del salvaje intento de desalojo, la gente volvió a tomar la Plaza de Cataluña. Allí siguen. Seguimos.

     No tengo palabras para expresar mi repulsa a las fuerzas policiales y a quienes ordenan semejante atrocidad desde sus confortables despachos. Tampoco para expresar mi admiración y mi solidaridad con la gente. No hay palabras.

     No hay palabras para explicar esto.

     Seguimos, cueste lo que cueste.

     Tengo el corazón a la intemperie.
   

miércoles, 25 de mayo de 2011

Utopía... III


















     Hola a todastodos.

     Disculpen las molestias pero, pese a quien pese,... seguimos aquí. En Sol.

     Es posible que ya no nos saquen en la tele, que no nos den la primera página, que no seamos ya la comidilla ni la novedad. Pero sentimos comunicarles que seguimos aquí. Trabajando sin descanso, duro, cada día, todos los días. Organizándonos, conociéndonos, consensuándonos. Cada día. Todos los días.

     Estamos proponiendo asambleas en los barrios, en los pueblos. Entregando el testigo a su legítimo dueño. A la gente. No nos vamos. Seguimos aquí. Y seguiremos incluso cuando ya nadie nos recuerde. Cuando nos hayamos ido. Porque las revoluciones nunca mueren, porque siempre nos enseñan algo. Y este movimiento, acabe cuando acabe, termine como termine, nos está educando a todas por el mero hecho de estar sucediendo.

     Cada día. Todos los días.

     "¿y a tí, cómo te gustaría que acabara todo esto?" -me pregunta una joven, apenas una niña. "Esto no se acaba, hermana. Siempre va a estar en nosotras. Muy adentro. Para siempre".




     Ya más de una semana con la dieta de la revolución. Comer cuando te acuerdas, dormir casi nunca... y mucho Sol. Ni en el Caribe mexicano se me mete tánto Sol dentro. Ni en mi rincón tranquilo se me quemó así la cara. Estoy lleno de imtemperie, de gente bella, de sueños y tareas, de revolución.

     Estoy feliz y exhausto. Tal vez más lo primero que lo segundo... y tambien, viceversa. Tengo el corazón contento, el cuerpo cansado y la mente embotada, como mensa. Me cuesta pensar y se me olvidan los mandados. Por eso me cambio de grupo. Empecé trepando farolas, barriendo, montando. Luego organizamos las asambleas, cada vez mayores, de mil, de cuatro mil personas. Ahorita que todo funciona como un reloj, necesito descansar... la mente. Ahorita me dedico a dar masajes a las compañeras que lo necesitan. No importa qué se hace, cómo se echa una mano... lo importante es estar. Aquí, ahora. Cada día. Todas juntas... seguimos.

     Me viene un pensamiento que me hace reir: Una vez, antes de todo esto, una ranita encantada me llamó masajista de almas. Tal vez, si me viera ahora, me diría masajista de revoluciones.




     Otros, desde sus pedestales, nos han llamado de todo. Títeres del Psoe, de Eta. Marionetas de una mano en la sombra que ideó todo esto en el mismo despacho en el que se piensa ahora cómo pararnos. Nos llaman más cosas. No les gustamos, y es que no les gusta la soberanía popular. La temen, les parece obsceno, les da asco. A unos y a otros. No me importa. Esto está sucediendo, eso es lo importante. Estando aquí uno se da cuenta de que nadie nos maneja. La gente es soberana. Aquí. Ahora. Mañana no existe.

     Nos llaman antisistema. Bien, conmigo aciertan. Siempre me sentí antisistema. Anti-este-sistema, claro, siempre. No es saludable estar bien adaptado a un sistema profundamente enfermizo, enfermo. Creo que fue Krishnamurti quien lo dijo. Pienso igual. Nos venden la imagen de descerebrados rompiendo escaparates. No. No rompo escaparates. Soy, profundamente, antisistema. Claro.




     Echo de menos mis cuentos. Las musas vienen a soplarme al oído y me pillan barriendo las calles de la revolución y les tengo que decir "ahora no, ¿no veis que ando ocupado?", o se equivocan de oreja entre la multitud.

     Echo de menos mis cuentos. Pero estoy viviendo el más bello. El de la gente en la calle. El de la gente despierta. El de la voz del pueblo.




     Me fallan las fuerzas. No les aburro más. De otra forma, a su manera, con su pluma de oro, nos lo está contando también Enrique Páez en su bitácora. La voz de Sol, la podéis encontrar aquí.

     Ahorita les dejo, mis queridas amigas y amigos. Permítanme morirme un rato. Al rato me esperan en Sol. Y es de mala índole hacer esperar a la revolución.

     Chau. Se os quiere.