miércoles, 13 de julio de 2011

Cuentos de Amador.

3. Segundino.















     Segundino Meléndez llegó tarde a vivir su vida. Cuando quiso darse cuenta ya no hubo manera. Se acodó en la fuente de la plaza fumando de medio lado y se dispuso a pasar así las eternidades de un tiempo sin rumbo. Observaba atentamente los quehaceres cotidianos de sus paisanos y, al menor descuido, allanaba una vida ajena y la vivía durante unos días hasta que la rutina de una existencia mortal le aburría o alguien denunciaba la tropelía. Entonces, sin alborotos, desalojaba aquella vida dejando las facturas sin pagar y volvía sereno a su fuente.

     Vivió así muchas vidas sin vivir ninguna suya. Probó todos los oficios, tuvo todas las edades y sólo una vez fue mujer. Tan extraño se sintió en un cuerpo diferente que antes de poder saber dónde estaba cada cosa volvió corriendo a su plaza jurándose no repetir. En el pueblo nadie se espantó con aquel trasiego de almas, tan acostumbrados como estaban a las extravagancias y excentricidades de la vida corriente y común. Cuando alguien se comportaba raro o se iba de los sitios sin pagar, apuntaban las deudas en una libreta, si acaso comentaban “muy Segundino anda éste últimamente”, y volvían a sus cosas.

     El año de las nevadas grandes el licenciado Pereira, barruntando ya su propia muerte, vino a pedirle un favor –Anda, Segundino, muérete por mí unos días. Déjame que me despida de todo como es debido–. A Segundino, que andaba desocupado y un tanto decepcionado con los vivos, no le pareció mal eso de morirse un rato.

     Cerca de un mes después volvió de la muerte, con cierta decrepitud pasajera, a buscar al licenciado. Nadie supo darle razón ni lo había visto últimamente. Tardó tres días en dar con él en un lupanar de la calle de los farolillos.

–No me jodas, Segundino, dame un par de días más. Aún no estoy listo para morirme.

–Haber llegado tarde a tiempo, Pereira. Yo ya me aburrí de la quietud de la muerte y los difuntos empiezan a mirarme raro. Hala, muérete ya y no me friegues más la existencia.

     En otra ocasión, con motivo de la Procesión del Santo, le birló la vida al padre Anselmo y aprovechó para abolir unas cuantas leyes divinas. Todos en el pueblo se dieron cuenta en seguida de lo que estaba ocurriendo, pero hicieron como que no y durante una semana gozaron de una libertad propia de religiones herejes. Nunca más la procesión volvió a pasar por la plaza ni bendijo el Padre Anselmo el agua de aquella fuente.

     Poco después vino a verle la China, una vieja desde siempre que hacía las veces de bruja y de curandera en el pueblo.

-Traigo un mandado de tu primo.

-¿y qué le pasa al sargento, se le acabaron los cojones que te manda a ti de alcahueta?

-A mí no me metas en vuestras bolas, Segundino. La cosa es que dice el sargento que le importa un pepino que te andes metiendo en la vida de la gente sencilla mientras no se arme demasiado alboroto, pero que de ahí a andar jodiendo con las autoridades hay un chingo. Que te advierte de volver a tocar al cura, al alcalde o a cualquier miembro del ejército. Queda dicho. Yo me vuelvo ya a mis cosas.

-Pues dile a mi primo que a Segundino nadie le da órdenes en su plaza, pero que se quede tranquilo, que uno tiene sus principios. Yo, antes muerto que militar. Prefiero no existir a meterme en uno de esos uniformes que le pudren a uno el alma y el corazón. ¿Queda, bruja?

-Queda, Segundino.

-Y ya puestos, le dices al sargento que o suelta ya a los mineros, a Amador y a los chicos del sindicato, o cualquier día de estos le habito un hijo y le arruino la carrera.

-Ta bueno, Segundino, yo le digo. –Se despidió la vieja con una sonrisa cómplice.

-Con dios, entonces, China.

-Y con el diablo.

     Menos de dos días tardó el sargento Meléndez en sacar del calabozo a los revoltosos de la huelga de los mineros, llenos de magullones, sucios y despeinados después de las golpizas, hambrientos, pero vivos al cabo.

     Segundino sintió siempre debilidad por la vida del Pulga, el pastor. A cada poco le allanaba la existencia y se pasaba unos días tranquilos contemplando a las ovejas. Al Pulga nunca pareció importarle. Su vida se parecía mucho al no existir de Segundino. Sus quejas, cuando las hubo, fueron más bien de orden laboral. “Me has perdido una oveja, Segundino”, o “la negra anda preñada, cuídamela bien”.

     A parte del Pulga, con quien de vez en cuando se le veía conversar sin que se supiera muy bien quién era ya cada cual, el único ser con el que Segundino platicaba a menudo era con Gesina, aquel espectro errante que llegó en cierta ocasión siguiendo el rastro de una gitana morena de ojos vivos y caderas hipnóticas. Hicieron migas desde la primera vez y con cada luna nueva Gesina volvía a la plaza y se pasaban las noches enteras poniéndose al día sobre los avatares y aconteceres de sus existencias sutiles.

     Fue muchos años después, cuando Segundino empezó a no reconocer ya el pueblo ni a sus vecinos, que le vino la nostalgia de otros tiempos, de otras vidas, y empezó a tener ganas de terminar con las soledades de aquella existencia ni de vivo ni de muerto. Una tarde de miércoles, sin venir mucho a cuento, dejó caer por fin su eterno cigarrillo, lo pisó con cierto desdén, le dijo a la plaza “ahí os quedáis” haciendo con la mano un gesto como de torero y, sin más, se dejó ir.

     No pasó mucho tiempo antes de que la Procesión del Santo volviera a pasar por la plaza con todo y desfile militar a modo de desagravio, como si se tratara de una plaza reconquistada. Ese mismo día el nuevo párroco bendijo por primera vez el agua de la fuente. La fuente a la que aún siguen llamando “la fuente de Segundino” y a la que hay quien le echa monedas pidiéndole favores de santo. Cuando la China, que se olvidó de morirse y sigue ejerciendo de vieja y de bruja, acierta a ver estas cosas, guiña raro el ojo bueno y dice riendo entre los tres dientes que aún le quedan:

-Pedirle a él cosas de santo. ¡Si Segundino levantara la cabeza!... ¡Si la levantara a tiempo! –Y hace así con una mano, como espantando moscas, para protegerse de cosas invisibles y augurios inesperados.  
    

16 Dejaron su rastro:

Anita Dinamita

Ay, qué lindo!!! El poso de tus cuentos, de tus personajes se me queda pegado al alma.
Me gusta mucho lo de la vieja que olvidó de morirse, hay muchas así.
Un abrazo enorme

Ángeles Sánchez

Cuanto más largo es tu relato, menos palabras me salen, suelo quedarme en blanco sobre este negro tuyo tan hermoso. Sin duda el tiempo es tu terreno porque te mueves por él con el descaro de quien lo entiende.

Un beso atemporal

Su

Otra de tus entrañables historias que pudieran ser perfectamente el argumento de una película.

Me gusta Segundino.

Abrazos

Puri

Vivir de vida en vida, ponerse en la camisa de otros... qué extraordinaria manera de pasar la vida y desbaratar las de los demás. Me gustó cuando suplantó al cura, jeje.
Por cierto, a ver si pones algo en el microrrelatista... Nos toca publicar hoy y no me gusta estar allí sin pareja...

montse

Hey!!!!!!!!!!!!!
HE visto el cameo de Amador y los mineros y de su gitana.
¿Esto forma parte de la historia de Amador?
Y si es así...
¿Habrá más?
Me ha gustado mucho. Tiene el mismo toque de varita.

ROSIO

Que bueno esta este texto...felicidades.

Puck

Me gusta esa imagen de la plaza y la fuente. Me gusta como consigues que sea natural lo extraordinario. Me gusta que las viejas olviden morirse y que Amador siga campando a sus anchas por estos lares. Me gusta. Me gustas.
Saludillos

Octavius Bot

Un abrazo es lo que quiero y puedo dejarte hoy. Mi más sincero abrazo

Octavius Bot

Kum*

Tal vez podamos aprender a leer en los posos de los cuentos, Ana.

Las poquitas que te salgan serán siempre suficientes, Ángeles. Nadie las pastorea como tú.

Su, tal vez sea siempre la misma peli :)

Así es, Puri, de vida en vida. También me hizo mucha gracia lo del cura, este Segundino es un tipo estupendo. Intentaré recuperar el hábito de publicar en el microrrelatista el próximo mes. Ya se me pasó. Gracias por avisar, hermosa.

Así me gusta, Montse, que mis lectoras estén atentas, jajajajajaja.... Verás, desde que escribí "Amador", algunas veces, al escribir otros cuentos ellos mismos me dicen "esto pasó en el pueblo de Amador" y cosas así. Es un personaje que no ha dejado de tocar a mi puerta de atrás. Sí, creo que seguiremos teniendo noticias de Amador, de una forma u otra...

Gracias, Rosio, una fiesta siempre verte por aquí.

Mi querida Mar, no es mérito mío, lo natural es extraordinario. También a mí me gusta que Amador siga por aquí (ya le he puesto una etiqueta...). También a mí me gustas vos, ya lo sabes.

Mi estimado Sr. Octavius, bienvenido ese abrazo y ese tuteo, que sospecho inintencionado, ajajajajajaja....

A todastodos, gracias por venir y besos habitados.

Sara NY

Madre mía, Kum, es que me tienes encandilaíta con tus relatos. Por favor, júntalos todos, dales forma y edita un libro como sea. Si ya es una gozada leerlos en pantalla, sentir el tacto del papel tiene que ser la h...

Pues eso, chico, que me ha encantado. Y me gustan mucho los "cameos" que metes.

Mon

Amador...Gesina...Secundino, los chicos del sindicato y los mineros encerrados, el cura y Pereira, Pulga...todos resultan ser tan cercanos que puedes llegar a sentir sus cosas, ver sus gestos, el cigarrillo de medio lado, que gusto tenerlos juntos en un relato, y que cada cual tenga vida propia, y también apropiada de otros. Me gusta y siento una especie de nostalgia al leerlo, será que Segundino me está viviendo? Besos y cariños.

Humberto Dib

Un relato potente, como dijo alguien más, bien podría ser el guión de alguna película.
Cariños.

Kum*

Shhhh... No digas nada, Sara. Es un secreto entre amigos...

"¿Será que Segundino me está viviendo?"... nunca se sabe, Mon, nunca se sabe. Tu comentario me ha dejado llenito de buen rollo. Eres todo amor.

Gracias, Humberto. Yo, esa película, la veo clara en mi mente... cuando escribo.

Vivid plenamente... mientras llega Segundino :)

Besos habitados.

montse

http://paqueteria.correos.es/concursofotografialiteratura/

Por si quieres participar. Un saludo.

Lila Biscia

a dónde se metió usted!?

besos :)

Blogboreta

Está precioso. Le ha salido muy García Márquez-Allende... ¿ o es cosa mía?
Da igual. Escribes lindo. A veces me pierdo, de denso, pero es lindo igualmente. Se queda ahí, esa caricia en el alma.

Muaaaaaaaaas!!

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