viernes, 22 de abril de 2011

Inusual.




















     Había algo melancólico flotando en la tarde. Llovía de medio lado. El viento despeinaba los árboles que mecían sus ramas con desgana como diciendo hola o adiós, mientras la bruma dibujaba en el aire signos de interrogación. Sin embargo, ella sonreía. Cruzó su jardín con pasitos cortos, inseguros, hasta llegar al buzón. No hubo sorpresas. Al abrirlo encontró un sobre negro, sin sellos, remitente o dirección alguna. Sólo su nombre escrito en letras blancas,… como cada miércoles. 
 

     Recogió el sobre con mimo protegiéndolo de la lluvia y dejó en el buzón otro igualmente sin sellar y cuyo único distintivo era un asterisco pintado a mano, como despeinado también por el viento. Como cada miércoles.

     El ritual se cumplía desde hacía décadas. Ninguno de los dos recordaba ya cómo empezó aquel amor tan insólito, aquel cartearse sin conocerse, aquel quererse por intuición. Se desconocían del todo y se sabían de memoria. Les separaban dos océanos y un cambio de hora y se amaban de esa forma tan suya… tan inusual. A veces, en sus cartas, discutían sobre quién encontró a quién, quién escribió primero o cómo fue que empezó todo. Se contaban sus risas, sus vidas y sus amores, esperando la oportunidad de conocerse al fin de una forma más patente, más convencional, si se quiere… más real. Se prometieron besarse algún día y sellaron el pacto de ser felices mientras tanto.

-Este cartearse de ustedes le da sentido a mis miércoles. Ya nadie escribe cartas. Si acaso facturas de la luz y apenas algún aviso preñado de malos agüeros –le decía Pablo cada semana y desparecía en su moto de cartero dejando siempre en el aire un poema o una canción.

     Cumpliendo aquel pacto de amor, tuvo una vida plena y feliz, tres maridos, siete hijos y un gato. Se negó siempre a abandonar aquella su casita con jardín, con la secreta intención de estar siempre dispuesta para recibir, llegado el momento, la visita inconfesable que nunca dejó de esperar.

     A base de años, vida y aconteceres, se le fue desbaratando la percepción normal de las cosas. Organizaba tardes de café, dominó y licor con invitados improbables, sentando alrededor de la misma mesa camilla a personajes históricos o inventados, familiares muertos hacía años y otros aún por nacer, junto con espectros forasteros que se sumaban a la velada siempre a última hora. Encontraba sus calcetines bien dobladitos en la nevera, la comida del gato en su taza de té y se sorprendía de pronto paradita a los pies de la cama sin saber si acababa de levantarse o es que se iba a acostar. Y entonces, se asustó.

     Le dio miedo no reconocer a su amor inusual el día que por fin apareciera y, en un momento de lucidez, se colgó del cuello un cartelito a modo de recordatorio que reposó para siempre en su pecho y decía así:

“Besar al señor del sombrero que aparecerá un día en el jardín con un asterisco prendido en la solapa”.

     Aquella tarde de lluvia despeinada, se dispuso a disfrutar de la carta de su amante anónimo como hiciera la primera vez, sentada junto a la chimenea con su gato en el regazo, como cada miércoles. Fuera, el viento y la bruma dibujaban un asterisco en el aire mientras unos pasos inciertos se acercaban a su jardín tras recorrer incansables dos océanos y un cambio de hora. 

17 Dejaron su rastro:

Su

Reconozco a ese cartero.

Puede ser perfectamente una de las historias que siempre le acompañan.

Precioso... como siempre.

Besitos

Pablo Díaz

Una ventanita se me abrió en la madrugada y me dijo lee esto. Maravilloso. Nos quedamos imaginando que habrá pasado, ese miércoles.
Y si Su, tengo una historia parecida que aún no se como ha terminado, si lo ha hecho. Tendré que averiguar.
Y me uno a lo de precioso Karlos. Gracias!!

montse

Estoy errando por los blogs que sigo, de forma caótica, como es habitual en mí; esta es la segunda historia que me tocó dentro hoy. Es hermoso y transmite muy bien cómo se siente la protagonista. Un placer leerlo.

PazzaP

Inopinada, inconsciente, nutritiva, preciosa, inusual... réplica.

Puck

Precioso pero nada inusual en tí :-) Me encanta esa espera, esa correspondencia real, esos miércoles y esos pasos que llegan o ya han llegado porque en el fondo siempre han estado ahí. Y si me tengo que quedar con algo es con ese cartelito. Me encanta y lo suscribiré cada vez que aparezca por mis jardines un señor con sombrero y un asterísco en la solapa
Besotes

Torcuato

Te admiro, Kum*
Otra joya.
Un abrazo.

Carmen H. G.

Es la primera vez que entro en este blog y sencillamente me fascinó. Me encanta esta historia tan sutil, delicada y ensoñadora contada con tanto cariño por el personaje. Estos son los relatos que a mí más me gusta leer.

Kum*

Claro Su, Pablo encaja ferpectamente en cualquiera de mis cuentos... quizás, en realidad, se haya escapado de uno de ellos.

Ejem... saludos, Tú por aquí... Pablo :)

Caótica es una buena forma de caer por aquí, Montse.

Sabes que nunca te discuto, PazzaP. Pero... tú crees?

Te tomo la palabra, ranita :)

Palabra de Tor... gracias, maestro.

Bienvenida Carmen. Este blog es todo tuyo, con permiso de todastodos los demás. Siempre es un placer ver caras nuevas.

A todastodos... besos inusuales.

escarcha

Kum, te había visto comentando en otros blog amigos y decidí seguir tu rastro hasta aquí... suerte que lo hice!
hermoso texto, con un final que haría suspirar hasta al corazón más duro.
Saludos Kum!!!

www.elblogdeescarcha.blogspot.com

Lila Biscia

maravilloso. realmente maravilloso y, como todo lo que leo de vos, me toca adentro y me emociona.
yo también te admiro y aprendo de eso.

besos y abrazos.

Octavius Bot

Un abrazo.

Octavius Bot

Anita Dinamita

Una maravilla... yo conozco también a ese cartero, cualquier día me cuenta una historia así... él siempre está pendiente de esas cosas.
Abrazos ***

PazzaP

Réplica:
Inopinada para mí,
inconsciente para ti.
Nutritiva, preciosa, inusual, para los solazados...

Se me va la mano entre lo metafórico y lo implícito, sorry...

Ha sido una historia conmovedora.
Y ahora sueño con el relieve de esa relación epistolar que alimentaba su energía...

El que escribe ignora lo que pueden evocar sus letras. Intuye a lo grande, pero se confunde con las probabilidades. No es defecto. Es lo que hay.

Malena

Simplemente ferpecto.
Algo me dice que aunque ella pierda el cartel, va a reconocer al hombre del asterísco. In a very unusual way.

Sucede

Bueno, esto se merece un genial!!
me ha encantado!
Un abrazo!!

Maite

Qué bueno!! me ha atrapado la historia desde la segunda línea, o tal vez fue la primera, no sé, pero me atrapó. La historia trascurre fluida, como un río que va por su cauce hasta desembocar en el mar, y en ese mar, te encuentro a ti mismo, con tu sombrero y ese asterisco en la solapa y en tu nombre Kum*
Genial. Abrazos.

Patricia Nasello

Dice mi cartel
"enviar a Kum* un correo contándole la emoción, como una lluvia finita cayendo de costado, que me embarga tras leer este cuento".

Un beso admirado.

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